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domingo, 21 de agosto de 2011

La mayoría son lindas para un groncho

Hace unos días supe por un compañero de trabajo que cierta borrega de nuestra oficina llevaba compromiso, y a la desoladora información le agregó un "no te preocupes, igual no tenía mucha pinta de peronista." No se da cuenta que a nosotros nos gusta la mayoría. El groncho un amante abierto a muchas posibilidades.

La que no tiene un cuerpo despampanante, tiene unos ojos increíbles. Y la que no, te enamora con la sonrisa. Y otra que tampoco, tiene unas salidas fenomenales. Y las hay que cocinan bárbaro, las que saben hacer un mate amoroso y las que son limpitas que da gusto; todo eso sin llegar a las simpáticas, que en rigor son las únicas feas.

El 14 de agosto, el 50,1% de la población le dijo de nuevo que sí, con mayor fuerza que nunca, al proyecto de nación que quiere que nos salvemos todos juntos. En ese barco nos encontramos unos gronchos como nosotros y también un número creciente de habitantes de Belgrano que aspiran a residentes de Pilar, gente con prepaga al día y que si le das unos litros de nafta, tiene dónde introducirlos.

Lo bueno es que, gracias a la bajada de copete que significó la crisis que nos dejó por la rúa, y gracias a la fuerza de esta idea nacional, popular y ganadora, las que viven por Recoleta son cada día menos gilas (pero igual de lindas). Algunas incluso, aprendieron a tomar cerveza de la boca de la botella.

Gracias argentinas por ser tan hermosas ustedes, las mayorías.

Peronacho

jueves, 4 de noviembre de 2010

Por qué las militantes están tan buenas

Permítame sumarme, compañero lector, a la visión del protagonista de "Bananas" -Fielding Mellish, Woody Allen. Me sumo a la justificación consecuente de su loca carrera de desaciertos, a saber: las mujeres militantes están muy buenas. Hay, según creo, ciertas características que rodean a la mujer comprometida con una causa política, que la ponen por encima y por delante del observador masculino.

Para empezar, una intrínseca promesa de acercamiento. De la misma manera que una cama de una plaza es mucho más afín a los lances amorosos (ya lo dijo un experto como Bob Marley) que una más espaciosa, la militancia implica cierta incomodidad, no estar a gusto con el orden establecido, y por lo tanto un estado de alerta, de crispación (hipérbole intencional), que agudiza los sentidos.

Las horas del atardecer y de la noche son las elegidas. El ámbito natural de la política (esto lo aprendí de cerca, trabajando para el Estado Nacional), es la noche. Cuando las terceras líneas vuelven a casa, los encargados de trazar rutas se reúnen. Los choferes, oficiales y no, tienen más trabajo caída la tarde que por la mañana.

La idea misma de hacer campaña se une en niveles distintos de analogía al campamento. ¿Qué comemos? ¿Dónde dormimos? Son temas sin importancia que surgen en la acción militante, y se resuelven sin mediar prurito.

Existe la causa, que está por encima de otras cosas e inhibe el regodeo. La urgencia de la acción que da lugar a la militancia es una aplanadora de histeriqueos posibles. La respuesta positiva o negativa promete, más que nada, inmediatez.

Finalmente, el cuerpo de una militante está inclinado hacia la acción. Prescinde de ilusiones cosméticas y está listo para la argumentación política o amorosa (digo yo, como si hubiera que separar ambas pulsiones).

Y sin embargo, no son tapa de revista. ¿Por qué? Déjeme ensayar una breve explicación. La percepción humana no es instantánea, sino que se da en movimiento. Las militantes están tan buenas, de un modo que la fotografía sólo puede sugerir.

Peronacho