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miércoles, 17 de agosto de 2011

Cristina sin luto

El hecho político no puede estar basado en anécdotas individuales
sino en problemas de gestión de estado,
y hay que decidir qué color político tiene eso
.
(Alejandro Dolina en "Argentina para armar" -TN - Marzo 2011)


Uno de los argumentos fuertes de la oposición en la campaña para las elecciones primarias (salvo el Frente de Izquierda y el Frente Amplio Progresista) fue que el FPV propaga rispidez y confrontación desde la acción y el discurso.

Habría que ajustar estos términos. Si hay algo que propone el FPV es posibilidad de contender o beligerar sobre ciertos supuestos políticos que definen una dirección de país: incluir o no inlcuir, por ejemplo. A partir de la explicitación de ese supuesto base, aparece la beligerancia desde todos los frentes.

La posibilidad de la beligerancia política (digo política, no mediática) está dada cuando se contiende en base a una elección. Beligerar es contender, argumentar. Los argumentos son razonamientos generales o particulares. Un razonamiento general, por ejemplo, es pensar una ciudad o un país desde la periferia hacia el centro (o al revés, cosa muy diferente).

¿Cómo se piensa un país entonces? Proponiendo razonamientos posibles de ser posteados por otros, es decir, recreados (a favor o en contra). Eso es hacer política. ¿Por qué habría que tenerle miedo a la beligerancia entonces? La única razón para condenar la beligerancia política es no contar con argumentos propios. Lo que Dolina llama "color político".

Está claro que a la mayoría de los argentinos nos gusta pensar posibles y discutirlos, y eso implica contender y explicitar colores políticos. Yo creo que lo que el 50% de los argentinos elegimos en las primarias es un país con supuestos visibles y no ocultos.

Aparentemente, el negro es un color sin luz. Un posible sería afirmar que el luto también es una invitación a poner luz y color, además de una elección de resguardo respecto de la muerte. Cristina viste de luto pero elige otro color para su política de gestión. Está claro que el 50% supo ver y elegir ese otro color.

La Pocha

jueves, 26 de mayo de 2011

Mamá Sarlo

Cuando CQC versión Pergolini hace su programa de cierre en el '99 se despide de su público homenajeando a Carlitos Méndez y se refiere a él como "la cabeza que ideara este programa". El programa que profundizó y puso en circulación masiva la técnica del recorte en televisión, homenajea irónica y casi cariñosamente al de Anillaco, quien supo poner en circulación masiva la misma categoría (económica y social) para nuestro país.



Más de diez años después, muchos programas, entre ellos 678, utilizan el mismo recurso televisivo, instalado ya, así que la novedad de este programa es sólo temática: usa el código para mostrar cómo circula la palabra política y cultural en los medios.



Quienes alternamos la televisión pública y otros canales con regularidad sabemos que la visita de Beatriz Sarlo al programa fue un hecho televisivo inédito: una reconocida investigadora de la literatura, la cultura y la política argentinas, en amplia y pública postura crítica respecto del programa, se dispone a participar de 678 con el argumento de haber escrito "decenas de páginas sobre 678" y, por ello, con "el deber intelectual y moral de debatir con ellos" (Elargentino.com-26.05.2011).



Lo que pasó ya lo sabemos: la mayoría de los medios difundió con entusiasta jaranería las paradas de carro de Sarlo a algunos de los panelistas y concluyeron un match ganado por parte de la investigadora. Los menos, destacaron el hecho de reunir en la televisión pública dos miradas divergentes sobre la apropiación de los medios sobre política y cultura.


¿Qué dijo Sarlo luego? "Prefiero polemizar con personas inteligentes y que sepan bien de qué están hablando. No con personas aproximativas, más dominadas por sus gustos o sentimientos que por sus ideas. Está probado que puedo debatir bien con Forster y Horacio González" (Elargentino.com-26.05-2011).



Cada objeto de análisis reclama para sí un espacio de análisis, categorías e interlocutores propios. Si Sarlo esperaba un debate académico en 678, eso era imposible, no por falta de soporte argumentativo por parte de sus integrantes, sino porque la argumentación que proponen es deliberadamente no académica. Y es deliberadamente no aséptica. Y es deliberadamente entusiasta de determinadas ideas. De manera clara y visible. Y las posturas visibles se pagan caro. Ser pública y entusiastamente oficialista, al parecer, se paga caro en los medios.



Beatriz Sarlo parió un objeto de análisis para su libro, y eso está muy bien, el análisis académico también recorta un objeto. En eso el trabajo de Sarlo se parece mucho a aquello que la intelectual señala como negativo en los informes del programa. Mamá Sarlo puede escribir decenas de páginas sobre ese niño-objeto pero eso sólo seguirá siendo una apropiación intelectual. Aunque el gesto innecesario de no haberse podido resistir a conocer su niño-objeto, detrás de su justificación de moral y ética académicas, es la prueba de que nadie escapa al dominio de lo sensible.
La Pocha

lunes, 11 de abril de 2011

El que tacha otorga


Compartimos aquí http://www.diariolaopinion.com.ar/Sitio/VerNoticia.aspx?s=1&i=13353 la nota de Santiago Allasia, periodista y poeta rafaelino, para el diario "La Opinión", sobre el mural tachado en la ciudad de Rafaela en conmemoración del asesinato de Silvia Suppo y Julio López. Repudiamos este acto explícito y no ingenuo de intento de supresión de la memoria y la justicia.
La Pocha

viernes, 25 de marzo de 2011

Memoria viva


Imagen: "El árbol de la vida" - Gustav Klimt

Se va enredando, enredando
como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando
como el musguito en la piedra.
"Volver a los 17" - Violeta Parra


En "La invención de Morel" (Bioy Casares) el protagonista, que en un principio cree estar solo, descubre que hay otros habitantes en la isla. A medida que los va reconociendo, se ocupa de espiarlos y más tarde intenta relacionarse con ellos, pero lo perturba encontrarse frente un descubrimiento devastador: los otros, los desconocidos, los lejanos, los que aparecen y desaparecen sin correlación causal, repiten siempre las mismas acciones una y otra vez porque son imágenes, proyecciones de lo que alguna vez fueron. Repeticiones. Apariciones vacías de hombres o mujeres. Objetos desnaturalizados de sus nombres, de un pasado, de acciones presentes y futuras.

Los desaparecidos no son invenciones. No son entes volátiles. No repiten acciones infinitamente iguales y sin relación causal o consecutiva. No están en el presente como si nos vinieran desde la inexistencia o de la falta.

La memoria no es la impugnación del pasado ni es únicamente individual. La memoria es poder de acción para dar existencia. Es el aleph de Borges, el punto central donde todo tiene existencia y todo convive. ¿Qué hacemos hoy con este aleph? Lo leemos, lo reordenamos, lo recreamos, buscamos lazos anteriores y nuevos para que cada uno de sus signos sea otra cosa. La palabra poética es algo parecido. La acción cotidiana es algo parecido. La vida lo es.

Todavía hay quienes (canales, diarios, personas con poder de palabra social) pretenden que la memoria es lo que no aparece, lo que queda atrás, lo obturado del presente, las imágenes de las proyecciones de otros desconocidos y ajenos. Pensar así la memoria es estar solo en una isla, a merced de la propia muerte. Qué muerte más sola.

Mientras, como la hiedra en el muro o el musgo en la piedra, otros resistimos vivos con la memoria, multiplicando panes y peces para compartir con la multitud, no como únicos habitantes, sino como ciudadanos en ejercicio de poblar.

Los muertos son memoria viva. Todos. Los treinta mil, Julio López, Silvia Suppo, Mariano Ferreyra, Roberto López y Sixto Díaz de la comunidad Quom de Formosa, los más de 80 muertos por tuberculosis y desnutrición en la misma comunidad durante al año pasado, los niños y adolescentes muertos en cualquier villa conurbana (no únicamente bonaerense) por impugnación de sus posibilidades de futuro.

Memoria viva para todos ellos, ayer, hoy y siempre.

La Pocha

lunes, 10 de enero de 2011

Entre las hojas que cantan*

EVA

I
Calle Florida, túnel de flores podridas.

Y el pobrerío se quedo sin madre
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.

Sombríos machos de corbata negras
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.

Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a Paris rayos de sol.
La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.

Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla "amémonos".

Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte mas muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.

Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lagrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lagrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada mas que un gran castigo.
Se pintó la República de negro
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, santa.
Hiena de hielo para los gorilas
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.

Días de julio del 52
¿Qué importa donde estaba yo?


II
No descanses en paz, alza los brazos
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.

No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?

Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.

Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.

Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.

Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cañones.


María Elena Walsh

Cancionero contra el mal de ojo (1976)


*De "Canción del jardinero" de M. E. Walsh.



La Pocha

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Fanáticos

1.
Nunca logré ser fan de algo. Siempre me sentí levemente inferior a los seguidores incondicionales de, por ejemplo, los Beatles, la Fórmula 1 o la poesía surrealista. Durante mucho tiempo esto me preocupó, supongo que por adolescente eterna y la idea quemante de querer pertenecer, de no ser si no en lo colectivo. Transitaba los '80 y estaba un poco perdida, como todos. Esta idea de ser fan de algo implosionó cuando estudié Letras y me envolví en la piel incolora de la duda: sobre los relatos, sobre el autor y sobre la palabra misma. Me fuí al otro extremo de la feria artesanal de las estéticas y me dí el gusto de ser fan de no ser fan de nada. Eran los '90. En algún momento hice terapia, asumí la neurosis y la culpa y revisé mi historia. Y ví que lo que yo creía una falta era algo creativo y potente: capacidad de vivir con lo distinto. Hay una enumeración de historia personal que reordenaba, viendo Formosa y Soldatti en este tiempo de cuestionamiento de país y de ciudad que nunca dejé.


2.
Apunto: que mi sangre es italiana, francesa, española y toba; que hice jardín en colegio de monjas, primer grado en escuela pública con comedor escolar, compañeros de Barrio San Lorenzo y el maestro Coco que era gay que me enseñó a leer y escribir; que fuí primeros casos de hija de padres separados y luego divorciados; que me cambiaron de escuela en segundo grado a una pública de Barrio Sur y tuve compañeros de Alto Verde hijos de pescadores y compañeros del Fonavi del Centenario, compañeros con apellido que tuvieron primero televisión por cable y computadora, compañeros nacidos en otros países y compañeros cuyos padres eran hippies y otros que eran Testigos de Jehová y evangélicos; que luego mi padre se hizo evangélico; que aprendí que el olor raro en el pelo de algunos compañeros era el olor de la basura quemada y de la imposibilidad de bañarse todos los días por falta de agua potable; que aprendí a jugar con compañeros con piojos y a tener piojos; que me llevó a la escuela durante años un transporte escolar sólo con chicos con Síndrome de Down; que jugué toda mi vida con varones en el barrio, a la pelota y a tirar rompeportones, porque era la única nena; que mi tía Estelita era montonera y mi abuelo socialista y mi madre radical; que en la secundaria no tuvimos un mango pero me leí casi toda la Biblioteca Pedagógica y después iba a recitales heavy metal en República del Oeste; que seguí sin un mango en la facultad (pública) y me atrasé porque trabajaba pero terminé; que tuve (y tengo) amigos poetas, amigos que hacen teatro, amigos gays y heterosexuales, chilenos y cubanos, músicos, militantes, médicos, guardiacárceles y trabajadores de cancillería; que elegí no dar clases en privada y sí darlas en la pública; que la mayoría de mis alumnos son argentinos hijos de familias chaqueñas y bolivianas y casi todos cobran la asignación universal por hijo y trabajan en el Mercado y algunos de ellos murieron o están en cana, y viven 10 en una casa de dos habitaciones.


3.
2010 en Argentina. Hace mucho tiempo que no me preocupa ser fan de algo y me siento felíz de reordenar mi historia fundamentada en la diferencia. Me pregunto si alguien puede hacer una enumeración muy distinta de la mía. O eliminarla de la memoria. La última opción tiene fanáticos seguidores por estos días. La buena noticia es que siempre somos más los diferentes no lunáticos ni histéricos.


La Pocha

jueves, 11 de noviembre de 2010

Riesgo y veleidad de la militancia

Por estos días se tuitea, se bloguea (en castellano, sí), se lee en medios gráficos o se escucha repetidamente en radio y televisión frases como "volver a la mística", "hacer militancia", "ser militante". La metáfora del campamento, convocada por el compañero, reaparece en todas partes, primaveral como botón de flor que pujó inviernos en el tallo, agreste como el clavel del aire o el cardo y peronista como la unidad básica.
Digamos en principio que para ser militante hay que tener una causa común. Es una definición general en la que podríamos incluirnos todos los trabajadores de la educación, medicina, política, leyes, producción de pensamiento, literatura o ciencia. Pero no creo que se trate simplemente de eso.
Entre las acepciones de la eterna RAE, "militar" es "figurar en un partido o en una colectividad" y "haber o concurrir en una cosa alguna razón o circunstancia particular que favorece o apoya cierta pretensión o determinado proyecto". Entre ambas definiciones hay un abismo: figurar o favorecer.
Me gustó esto de favorecer. Porque... ¡hay que estar dispuesto a favorecer! Figurar, uno figura siempre: en el padrón de voto, en las necrológicas, en la guía telefónica, en el fiado del quiosco, en el tuiter o similar.
Favorecer es otra cosa: es hacer algo con la figuración. Salir del cuarto oscuro con el sobre en el que están los nombres de los ciudadanos que elijo para que me gobiernen, practicar el ejercicio de la memoria, poner a circular ideas y acciones. Sobre todo esto último, y más: favorecer es preguntarse qué cosa uno está dispuesto a favorecer, o incluso qué cosa ya ha favorecido antes. No se puede andar por la vida favoreciendo cosas y después resultar que las favoreció por distracción o porque es lo que dicta la corriente. ¿O sí? Habría que repensarlo.
Ser militante es ponerse en riesgo para pensar y para hacer con otros, y perfilo en este punto un concepto pequeño y molecular de militancia, no únicamente aquel que refiere a lo específicamente partidario. O sí: incluso aquel.
No es bueno que la militancia esté sola, hubiera dicho el General. Es una palabra que puede llenarse de oquedad muy pronto, la muy vedeta, digo, veleta.

La Pocha
Nota: La imagen refiere a los "Apuntes para la militancia" de John William Cook, teórico y militante del peronismo de izquierda revolucionario. Se lee aquí: http://www.marxists.org/espanol/cooke/apuntes.htm.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Pájaro loco

La primera vez que le presté atención verdadera fue cuando asumió el mando. Antes que el estadista ví la marca personal del hombre: el tipo no sabía qué hacer con el bastón, le sobraba, lo apretó con las dos manos, lo usó para revolearlo un poco, lo sacó del eje de bastón y pareció por segundos un malabarista de esos que vemos en las películas, que malabarean adelante del grupo con estridencia de charreteras. Creo que antes me había hecho acordar al Pájaro Loco, un dibujito animado de cuando era chica, aunque la única relación evidente estaba en los ojos desorbitados y la nariz en punta de águila. Muchos en el largo y emocional día de hoy lo evocaron como un hombre con buen humor constante, y recordé (otra vez) que ese tipo desgarbado y con el saco siempre mal puesto, innegablemente parecido a Tristán por otra parte, parecía estar a punto de contar un chiste verde en el medio de cada frase.
Todas estas banalidades recordé hoy, todas juntas, después del segundo en que enmudecí al ver la noticia. Me retiré de la tele luego del silencio. Estaba en la casa de mi madre aprovechando que tenía que estar allí para esperar al censista y levantando de la cama a mi abuela Coca, que por estos días anda leeeeenta después de sus dos caídas. Después que tomó su leche la ubiqué cerca de la tele, y recaímos en la mudez por partida doble. Mi abuela sabe que la muerte le amaga de cerca últimamente, y a pesar de que siempre fue antiperonista, vió toda la mañana en silencio las noticias y no quiso cambiar de canal.
Yo no soy peronista tampoco, pero sobre todo no soy antiperonista. Es una declaración estúpida de hacer, que nada dice. Es la mejor declaración que puedo hacer por el momento. Soy antineoliberalista. Estoy a favor del matrimonio igualitario, de la distribución equitativa de la riqueza, de la memoria toda y de los juicios a los represores en particular, del desmontaje del sistema opresor de la circulación de las noticias de los medios hegemónicos, del desmontaje del cuadro de ése represor, de todas las medidas que promuevan el empoderamiento social, educacional y simbólico de los olvidados, de las leyes promovidas o vetadas con coherencia respecto del proceso económico y social que tenemos, de un proyecto que nos integre por fin como parte de Latinoamérica, de aquel NO al ALCA y el sí a la UNASUR, del sinceramiento argento del fútbol para todos, de la ciencia y la tecnología y la industria empezando a jerarquizarse.
Seguro que me falta poner más en esta enumeración (más de lo que hay y más de lo que no hay todavía) pero hoy enmudecí temprano y me fuí apalabrando después porque entendí que sin Pájaro Loco no hubiera podido estar a favor de esta enumeración, no la hubiera podido poner en palabras, es decir: no hubiera existido.
Termino el día con el encuentro, con el lazo que se recupera de modo posible y real: veo la gente en la plaza y en el programa de televisión, leo un mail de una amiga y nos abrazamos en la distancia, charlo con mi vieja sobre los lazos que no queremos perder, y ya ni recuerdo tengo del miedo al miedo, de las palabras necias y de la desazón por cómo seguimos. Salud, Pájaro Loco.
La Pocha

lunes, 25 de octubre de 2010

Boto por necesidad



El escaneo me salió chico, pero el escribiente tiene letra clara. 18 años, Tercero A, repetidor dos veces. Este año lee en voz alta de corrido y con intención emocional. Después de pasarse dos años apoyada la cara sobre los brazos para dormir (los tengo en la última hora de la mañana y trabaja en el mercado de changarín subiendo y bajando cajones con la producción local), despierta en 2010 de su letargo y mueve su pensamiento. La consigna era escribir una carta de solicitud argumentando el pedido a un receptor específico. En algún momento de la clase, mientras se paraban a consultarme, mientras intercambiaban entre ellos chistes de toda calaña, o mientras se medían unos a otros a ver quién le pedía qué cosa a quién, les pregunté por qué ninguno había planteado argumentos a un amor correspondido o no correspondido, por ejemplo, y todos (salvo Ruiz, también repetidor, que desarrolló sentida y profundamente sus argumentos a "Antoño" Mohamed para que vuelva a ser director técnico de Colón) habían pedido mejoras para el barrio (a la Cristina, al intendente o a la Ministra de Educación). Uno me dijo "el amor no se argumenta, profe", y otro "¿y a quién le vamos a pedir algo si no?". Me quedé pensando en las dos cosas, pero me detuve más en la segunda, y pensé que en este barrio "marginal" nadie quiere otra cosa que estar mejor. En ninguno de los borradores los solicitantes pidieron limosnas: pidieron el taller para la escuela (que es técnica pero que no tiene taller), pidieron juguetes para un hogar de chicos en Navidad, pidieron que se pavimenten las calles del barrio y se zanjee, pidieron otro comedor. O sea: comida, calle buena para andar, alegría y educación.
El que más clara la tenía es Obelar, el que despertó de su sueño y pidió cortar la corrupción policial en el barrio: "Sr. Intendente te informo sobre esto porqué yo noce a quién recurrir...", y también: "Señor Intendente le prometo que tendría un gran apoyo de nuestro barrio para su intendencia si colabora con mi pedido y yo y mi barrio le podriamos conceguir muchos botos y no toy negociando con usted yo lo estaria ayudando y usted me estaria ayudando a mí y a mi barrio".
Dos cosas: un adolescente elige cambiar el usted por el vos no porque no sepa sobre registro formal o informal, sino porque necesita de la cercanía del otro. El cambio de registro es inconsciente quizás, pero abre a la idea de necesidad: Obelar pide porque es necesario, y pide porque está solo, no sabe a quién recurrir. Ésa es la idea básica de la necesidad: siento una falta, necesito, por eso pido. Obelar lo puede decir, hay quienes muchas veces ni siquiera podemos nombrar lo que nos falta. Y el que despierta del sueño también tiene claro que despierta en un país y dentro de un sistema de necesidades básicas no cubiertas reguladas por la lógica de un estado que también necesita: Obelar promete botos y aclara que no negocia, lo concibe (quizás por un legado rastreable hasta los orígenes de la conquista) como un pacto de necesidad.
Nadie podría reprocharle a Obelar su desconocimiento sobre mecanismos de inclusión social reales. Habría que ver si este pacto que ofrece lo ofrecerá a todos los intendentes posibles, o a aquellos que respondan a la necesidad. Yo me quedo con Obelar así despierto, y escribiendo.
La Pocha